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Arte, memoria y creación

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Walter Ferguson: un pueblo también se cuenta cantando

Durante más de un siglo, Cahuita tuvo un cronista que no escribía: cantaba. Las canciones de Walter Gavitt Ferguson guardan la vida cotidiana del Caribe costarricense, y su historia muestra cómo la memoria de un pueblo puede viajar en una cinta de casete.

Redacción InterperieOctubre 2026Lectura: 7 min

Walter Ferguson en 2021
Foto: Julieth Méndez, Presidencia de la República (CC BY-SA 4.0)

En Cahuita le decían Mr. Gavitt. Fuera de ahí lo llamaron el rey del calipso. Walter Gavitt Ferguson Byfield vivió 103 años, casi todos frente al mar, y en ese tiempo compuso, según sus propias cuentas, alrededor de 150 calipsos. Nunca los escribió. Los guardaba en la memoria y, durante años, en cintas que grababa él mismo y que no volvían a su casa.

Walter Ferguson, anciano, sentado y conversando, con camisa a cuadros.
Walter Ferguson el 30 de agosto de 2021, durante la visita del presidente Carlos Alvarado. Foto: Julieth Méndez, Presidencia de la República. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

De Guabito a Cahuita

Nació el 7 de mayo de 1919 en Guabito, del lado panameño de la frontera. Su padre era un agricultor jamaicano que trabajó para la United Fruit Company. Llegó a Cahuita siendo muy pequeño; las fuentes no coinciden en la edad exacta, pero sí en lo esencial: creció en ese pueblo de pescadores y agricultores y nunca se fue de él. Vivió, según recuerda su familia, en una casa a la orilla de la playa.

Su primera composición data, según la prensa internacional, de 1939. Aprendió varios instrumentos, entre ellos la guitarra, y en su juventud tocó con una agrupación de calipso, conocida como los Miserables, que se presentaba por el Caribe y a veces en Panamá. Con los años, la agricultura y la fe ocuparon el centro de su vida, y la música quedó como compañía diaria.

Crónica en inglés criollo

Ferguson cantaba sobre lo que veía: el trabajo en la finca, la comida, los vecinos, los problemas y las alegrías de los pueblos del litoral sur de Limón. Mezclaba el humor con la tragedia y lo hacía principalmente en inglés criollo limonense, la lengua de la comunidad afrocaribeña. Títulos como Cahuita is a Beautiful Place, Callalloo o Cabin in the Water dicen bastante de ese mundo con solo nombrarlo.

Por eso su obra funciona como un archivo. En una región cuya historia muchas veces no quedó en los documentos oficiales, sus canciones registran costumbres, nombres y maneras de hablar. El calipso, en sus manos, era una forma de contar al pueblo desde adentro.

La memoria en una cinta

A finales de la década de 1970, uno de sus hijos le regaló una grabadora de casete. Desde entonces empezó a grabarse y a vender esas cintas a quienes llegaban a Cahuita a buscarlo. No guardaba copias: cada casete era único. Así, buena parte de su repertorio se dispersó por el mundo en manos de viajeros.

El calipso, en sus manos, era una forma de contar al pueblo desde adentro.

En 1979 el musicólogo estadounidense Michael Williams lo grabó, y esa sesión llegó al disco Calypsos of Costa Rica, publicado en 1982 por Smithsonian Folkways. En 1986 el Ministerio de Cultura y Juventud editó Calypsos del Caribe de Costa Rica, y ya en este siglo aparecieron Babylon (2003) y Dr. Bombodee (2004), con el sello Papaya Music. En 2018, su hijo Peck Ferguson y el productor Niels Werdenberg iniciaron una búsqueda internacional de aquellas cintas perdidas, y fueron apareciendo grabaciones en Costa Rica, Estados Unidos y Canadá.

Walter Ferguson sentado en un sillón con cojines de flores.
Walter Ferguson a los 102 años, agosto de 2021. Foto: Julieth Méndez, Presidencia de la República. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Reconocimiento

El reconocimiento oficial llegó tarde, pero llegó. Recibió el Premio Ricardo Mora de la Asociación de Compositores y Autores Musicales en 2009 y el Premio Nacional al Patrimonio Cultural Inmaterial Emilia Prieto Tugores en 2017. La Ley 9612, de 2018, declaró el calipso limonense patrimonio cultural inmaterial costarricense y fijó el 7 de mayo, día de su nacimiento, como Día Nacional del Calipso. En 2021 la Universidad Nacional le otorgó el doctorado honoris causa.

Murió en Cahuita el 25 de febrero de 2023, tres días después de que la Asamblea Legislativa lo declarara Ciudadano de Honor. Cada 7 de mayo, su pueblo celebra el calipso con música en la calle.

Walter Ferguson recuerda a Interperie algo que vale para cualquier época: la cultura no se conserva solo en museos. A veces vive en una voz, en una guitarra y en una cinta que alguien guardó en una gaveta al otro lado del mundo.

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Fuentes

  1. Asamblea Legislativa de Costa Rica
  2. Delfino.cr
  3. Delfino.cr
  4. Teletica
  5. The Guardian
  6. Para ampliar

Créditos y derechos

Texto: Redacción Interperie. Fotografías e ilustraciones con procedencia y crédito indicado en cada pie de foto.

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